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Francisco José Navas Ainz

Todos somos envidiosos

Todos somos envidiosos

Esta es una afirmación con la que estaremos la mayoría de acuerdo. Muchas veces vemos a alguien a quien no le salen las cosas, a quien no le valoran en su trabajo o quien no consigue tener una pareja por más que lo intente y pensamos: “Pobre… Ojalá tenga suerte. Me cae bien”. Pero existe la otra cara de la moneda, ¿y si todo esto le sucede a alguien que tiene éxito (o al menos a nosotros nos lo parece) en las demás parcelas de su vida? Pues la respuesta es: “Que se joda fastidie”. Tan duro y tan sincero. ¿Y esto por qué sucede? Porque somos envidiosos.

La envidia mal entendida

Si a alguien le va todo muy bien y fracasa en algo le solemos decir que se fastidie, que en el resto de sus cosas tiene mucho éxito y por un fallo no se le va a caer el mundo encima. Esto es muy humano. Es muy humano el desear estar por encima de los demás o, al menos, no querer que nadie esté por encima nuestro y todos al mismo nivel. No obstante, a esta reacción automática (¡Que se joda fastidie!), de continuarse en el tiempo y convertirlo en eje central de nuestro pensamiento, le siguen las actitudes envidiosas.

Si la envidia se quedara en comentarios o pensamientos, siendo de por sí bastante perjudicial para la persona emisora y receptora, no alcanza tintes tan destructivos como los de quien hace la envidia su modus operandi, su forma de vida y su bitácora diaria de tareas.

Lo que más envidia provoca

Dinero, amor y éxito en el trabajo. Estas son, por orden de preferencia, los temas favoritos de ser envidiados. Lo curioso es que ningún grupo se escapa de ser susceptible de albergar envidiosos en su interior. La familia es un buen ejemplo de ello. ¿Quién no conoce alguna familia donde los hermanos están enfrentados porque uno considera que ha sido ninguneado con respecto a lo que se le ha dado al otro? En el mundo del deporte también es célebre la envidia entre estrellas del mismo equipo. Esta situación suele terminar con uno de los jugadores cambiando de aires. Para finalizar, mi contexto preferido para detectar la envidia: el contexto laboral.

La envidia en el trabajo

Aquí es donde mejor se ven los efectos de la envidia. Normalmente trabajamos con desconocidos. No hemos elegido a nuestros compañeros de trabajo y, por tanto, no es descabellado que surjan conflictos entre personas que son muy distintas a nosotros.

El secreto de las buenas relaciones quizás resida en la inteligencia emocional. No obstante, en el trabajo ésta todavía no está todo lo aplicada que debiera y es habitual ver a compañeros/as envidiosos pasar por cada una de las fases de la envidia, que son las siguientes:

1. El envidioso se interesa por estudiar a la persona para saber si tiene o no algo que envidiarle. Aquí se informa de cosas como el sueldo que gana, el estatus laboral que tiene, si es un superior o un subordinado suyo, el horario laboral, las tareas que realiza, etc.

2. El envidioso adula a niveles superlativos la labor del compañero de trabajo. Quien hace esto es porque quiere que hagan lo mismo con él. Por eso, atención. Recordad siempre que quien os adule constantemente sólo busca que vosotros hagáis lo mismo con él. Si no le devolvéis los elogios (que es lo más frecuente, por el alto ritmo de peloteo que impone el envidioso) éste pasará a la siguiente fase.

3. El envidioso se siente imcomprendido. Cree que da mucho más de lo que recibe y por lo tanto se dedia a atacar al compañero. Esta situación se soluciona remarcando el estatus del envidioso, que normalmente suele ser un compañero de jerarquía inferior y, por lo tanto, un mandao.

4. El envidioso provoca un distanciamiento con el compañero de trabajo que es el hábitat en el que ambos se desenvuelven hasta que sucede un acontecimiento que rompe la rutina en la que ambos están sumergidos: un ascenso, un despido, el fin del trabajo, la no renovación de alguno de ellos, la promoción de uno de ellos… o, lo que es muy habitual, la petición de ayuda del envidioso hacia su compañero. ¿Por qué pide ayuda? Porque si no destaca por ninguna vía, elegirá la humildad para acercarse de nuevo a su compañero y poder comenzar a enrevesar las relaciones de nuevo.

¿Qué persigue el envidioso? Cariño materializado a través de atención. Cierto es que llaman la atención de una forma patológico pero a ellos les compensa. Triste pero cierto.

22 Junio 2008 - Publicado por fjnavas | Conciencia social, Francisco José Navas Ainz, Roles tóxicos | , , , , , , , , , , | 4 comentarios

4 comentarios »

  1. mi amigo es un envidioso,siempre ha tenido envidia de mi,pero aun asi se acercaba a mi para sacarme todo lo ke pudiese,yo antes tenia dinero,un buen coxe,un xalet,y siempre estaba arrimado a mi para ver ke me podia sacar,ahora por motivos de la vida,ni tengo buen coxe ,ni xalet ,ni na,asi ke desde ke lotuve ke vender todo,el desaparecio de mi vida,asi ke ahora me doy cuenta de la clase de persona ke es,para lo bueno estaba el primero y yo siempre regalandole cosas a el ,a su mujer y a su niño ,pero ahora ke realmente necesito a un amigo me ha dado la espalda.Ahora ke ya no tengo coxe,ni dinero ,ni xalet con piscina ke ya el no puede disfrutrar!!

    comentario por trikillo | 13 Julio 2008 | Responder

  2. hola a todos¡¡¡¡¡ ….lo unico que si le spuedo decir es que si tengos amigas envidiosas,es algo que me hacen sentir la mejor porque la verdad es que no entiendo…son mis mejores amigas y no se porque se comportan asi…las quiero mucho a pesar de todo…cambien ustedes no eran asi…se los juro que no…yo soy super diferente a ustedes.la envidia me fortalece

    comentario por adrialexi del valle | 28 Julio 2008 | Responder

  3. no tengo nada que envidiar tengo todo lo que quiero…

    comentario por adrialexi del valle | 28 Julio 2008 | Responder

  4. Ps la verdad creo ke tengo un amigo envidioso por ke trabajamos en equipo y todo no¡¡¡ pero luego se comporta diferente a como siempre es como dejarme apartado o asi y ps yo parate me siento mal no se si es envidia pero yo siempre trato de ser muy buena onda y ps con todos¡¡¡¡¡

    comentario por Pato | 27 Noviembre 2008 | Responder


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